
Vamos a destrozarnos la ropa hasta convertirla en vapor.
Vamos a lamer ese vapor que nos arropa todo el cuerpo.
Vamos a dejar atrás prejuicios, ética y moral.
O
Imagínate que recorro cada centímetro de tu piel sin apenas rozarla.

Vamos a destrozarnos la ropa hasta convertirla en vapor.
Vamos a lamer ese vapor que nos arropa todo el cuerpo.
Vamos a dejar atrás prejuicios, ética y moral.
O
Imagínate que recorro cada centímetro de tu piel sin apenas rozarla.
Tiene nombre de chica del este, de las que beben vodka a las cuatro de la tarde en la trastienda de un bar de mala muerte. También podría ser un apodo para ocultar su verdadero nombre, ¿quién la conoce? Ella no lo sabe, pero su nombre cayó en mis manos casi por casualidad y auguro grandes historias para ella.
De por qué, pese a pedirlo a gritos silenciosos, no ocurrió. Fueron 24 horas y así se quedaron.
De por qué el viernes me dieron un abrazo, que sin quererlo, fue un poco curativo.
De por qué son dos años ya, suma y sigue.