Una noche de septiembre pudiste comprobar que con los cuatro primeros sollozos y un posterior gran llanto derramaste toneladas de mocos, litros de lágrimas y parte de un pulmón en dos hombros.
Hoy necesitarías un hombro, o dos, o tal vez ninguno, porque te volverás al rincón a consumir las lágrimas en silencio.
2 comentarios:
Es lo que suele ocurrir en septiembre, mes de las calabazas por excelencia.
Demasiadas calabazas en un solo mes, me parece a mí.
Publicar un comentario en la entrada