
Escuchaste un grito desgarrador; en esos momentos sabías que te estabas rompiendo en mil pedazos por dentro. Provenía de los músculos que se habían resquebrajado de tanto tensarse, de los huesos partidos en pequeñas moléculas y convertidos en cenizas, hasta la mente estaba empezando a verse dañada entre tanta niebla. ¿Qué sería lo próximo?
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